"La
metáfora que las primeras generaciones cristianas usaron para nombrar al
Dios de Jesús, único en su ser y plural en su manifestación, fue TRINIDAD:
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Expresa bien lo que Dios es en sí
(comunidad, amor, comunicación, gozo, serenidad…) y, al mismo tiempo, lo
que es como proyecto (locura, ternura, pasión, imaginación…). Así se
muestra el Dios que echa su suerte con la humanidad".