Su vida entonces se centró en el gran ideal de vivir
con radicalidad el Evangelio: seguir a Jesús y entregarse, desde la oración y la
vida de comunidad, a todos los seres humanos. El encuentro con Jesús
era su mayor alegría. Encontrarse con un amigo, escucharle y descubrir qué
quería de ella cada día.
Mujer de carácter alegre, abierto, de una
gran sinceridad, siempre atenta a las necesidades de l@s otr@s, organiza con
las niñas del colegio una activa correspondencia con los leprosos del sanatorio
de Fontilles.
Hacia el año 1920 empezó en España un gran
movimiento misionero. Desde China y las Islas del Pacífico llegaron a Bérriz
misioneros que traían los aires de tierras y pueblos también amados por Dios. Y
Margarita vibraba con todo esto. Sentía que Dios las llamaba a hacer algo
también desde su convento de clausura. Organizó con las colegialas, tómbolas,
rifas, cartas a misiones... y en sus oraciones, las necesidades de estos pueblos
que sufren estaban
siempre presentes.